Lo primero que quiero aclarar es que esto ha sido un proceso, es decir, no creas que llegue a la oficina del neuro-pediatra me dieron el diagnóstico -Su hija tiene disfasia- y yo obvio sonreí y dije que maravilla…

Soy más humana que eso, la realidad es que yo soy de las que se deprimen, que se confunden, de las que se vuelven iracundas y se sienten traicionadas por la vida.

Luego de iniciada esta etapa de nuestras vidas y obtener un poco de aceptación (aunque de vez cuando tengo regresiones) por fin entendí por qué se dice que estas condiciones en nuestros niños son bendiciones aunque no lo parezcan, aquí las tres cosas que aprendí, que desde mi punto de vista han sido mas significativas:

1. Comienzas a dar prioridad a lo que realmente importante, dejas de exigir cosas que no tienen importancia fuera del ámbito académico (como las calificaciones y notas de tus hijos en el colegio) y te enfocas en lo que es crucial, que el niño logre su independencia, que logre comunicarse, valerse por si mismo, que conecte contigo, que sea simpático con los que estamos a su alrededor, que socialice, la constancia, la perseverancia, y la supervivencia a pesar de lo frustrante que llega a ser vivir en sí… puedes ver lo banal que se vuelve el que le exijas cosas como sacar un diez, competir por un trofeo, cosas por el estilo, que no son la base para formar a un ser humano.

2. Una de las cosas que menciono la neuróloga en una de nuestras consultas es que cada niño tiene su propia formula, sus propias necesidades, y en ningún caso es igual a la de otro niño… entonces te enfocas en que vaya logrando uno a uno lo que es necesario en esa etapa. Los retos que he enfrentado con mi hijo, que no es considerado un “niño especial” no han requerido de menos esfuerzo, no es que uno de mis hijos sea especial y el otro no. La realidad es que cada niño tiene sus propias necesidades, y si, cada uno es especial.

3. Lo que aprendes ante la adversidad, la realidad es que ante esta condición comencé a investigar, a leer, a indagar, cada termino que los especialistas, maestros entre otros me iban presentando porque esa es mi forma de afrontar las cosas, aprendes sobre cosas que de otra forma no habría manera que te hubieran interesado. Les puedo decir que cuando tienes una situación como esta, la vida te va llevando por lugares que no te habrías imaginado, nuevos y buenos lugares. Para alguien como yo que no soy de esas iluminadas de la vida (ya les he contado que en cuanto a vivir soy un poco lenta), tengo que decir que estoy agradecida por el hecho de reconocer que esto si puede verse como una gran bendición.

4. Lo realmente importante. Estaba a punto de mudarme, buscando opciones escolares para mis hijos, recuerdo haber hablado con alguna asistente administrativa que me indicaba que mi hijo debía tener un promedio de 9 para poder ingresar a su ilustre escuela, que además ya debía saber leer, y cosas por el estilo.  Mientras tanto cuando hablaba de que mi hija tiene una condición, la actitud cambiaba radicalmente y me comentaban lo inclusiva que era dicha institución. Esto empezó a causar un revolución en mi cabeza…  últimamente cuestionaba eso de estar calificando a los niños, que significa realmente tener hijos exitosos y felices, y ¿que garantía tengo de cualquier forma de un futuro brillante?

A dos años del diagnóstico las cosas ha ido mejorando poco a poco. Mis hijos van enfrentando nuevos retos y estoy contenta de poder acompañarlos en distintos momentos. Dicen que la vida no nos pasa a nosotros, si no para nosotros y realmente creo que así es…

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